jueves, 26 de marzo de 2015

Solidificar el proyecto



Una marea ha invadido el valencianismo desde hace un mes hasta ahora. Una marea de emoción e ilusión derivada de un equipo que, tras un tiempo de incertidumbre, vuelve a ser el de principio de temporada. De un equipo que a falta de 10 jornadas está metido en la lucha por la Liga y que parece haber logrado su objetivo, jugar la Champions, salvo catástrofe. Que si, que ganar la Liga es difícil y más a este Barça, pero bueno, siempre es bonito pelear por ello.

Yo estoy ilusionado. No lo niego. Pero aunque creo que ganar la Liga es una posibilidad, remota, pero una posibilidad, mi ilusión viene por otras cosas. Mi ilusión viene más bien porque tras años de sequía llorentista siento que este equipo puede alcanzar las cotas más altas. Sin exagerar, lo creo firmemente, creo que si seguimos así, pasito a pasito, se puede conseguir mejorar incluso lo que se logró con Benítez al mando (hablo de un trofeo con orejas, sí). Y todo esto en un fútbol mucho más competitivo, a todos los niveles, que el de entonces.

¿A qué me refiero? A algo tan manido y repetido últimamente en Valencia como el proyecto. Algo tan sencillo de entender y que parece que el fútbol ha olvidado dando prioridad a la inmediatez; a que cada temporada es la última. Y no, esto es un proceso, que puede llevar varias temporadas, y aunque las cosas no son perfectas, pueden acabar siéndolo. Porque esta temporada tiene lagunas (de noviembre a febrero hay una enorme) pero el balance, pase lo que pase de aquí a final de temporada, solo puede ser positivo. Y no tanto por lo logrado este año, que ojala sea la Liga, sino por sentar las bases de lo que queda por venir.

Y digo bien, las bases, esa columna vertebral formada Alves, Gayà, Otamendi, André Gomes y Alcacer, sobre la cual se puede construir el resto. Porque ahora viene lo complicado. Ahora viene el momento de decidir cómo maniobrar con esta plantilla para mejorar lo que ya hay sin destrozar lo construido. Porque el Valencia debe sumar piezas tocando lo mínimo posible las ya existentes y sin destrozar lo logrado. Y esto es más difícil que empezar a construir.

Hablo de que van a salir jugadores, espero y deseo que ninguno de los de arriba, y van a llegar nuevos hombres para reforzar el equipo. En el primer caso saldrán algunos con poca importancia en el equipo, pero también lo harán otros que este año, de una manera más o menos clara, han aportado cosas. Y esto es algo que debe hacerse bien para evitar problemas; ya que una mala venta puede ocasionar roces en el vestuario e incluso sensación de traición en algunos de los que se quedan, que pueden sentir que son los siguientes. Porque vender por necesidad o por descarte es sencillo, vender a alguien que vale porque una oferta es buena simplemente para ingresar (Caso Di María en el Madrid, por poner un ejemplo) puede ser mucho más duro.

La otra cara de la moneda serán las llegadas. Quitando Juan Mata, que ojala viniera ya mismo, el resto de nombres que suenan me dan miedo. Explico por qué.  Los que suenan son de un nivel superior al que tenemos, y esto que no tiene por qué ser un problema en sí, puede serlo si los que vienen son, por decirlo de una manera suave, excesivamente egoístas. El Valencia ha conseguido reunir a un grupo de gente con hambre e ilusión y eso puede romperse si de repente metes en el saco a alguien que venga a considerarse más que sus compañeros y que el equipo. Y es por eso que esto puede ser delicado.


Pese a todo mantengo la ilusión, creo que tenemos un grupo de gente en la dirección deportiva que trabaja bien y con idea de lo que quiere. Espero y deseo, además, que pueda lograr que Jorge Mendes no llene esto de estrellitas caras y egoístas que se lo carguen todo. Si esto, que es delicado, se hace bien, creo que habrá Valencia para rato. Confiemos en Rufete. Es su turno.

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